Desespero

IN MEDIA RES.-
Como diría el narrador “Todo por lo que se luchó, ocurrió a pesar de la derrota”
Esta mañana mi cuerpo sentía la descarga de una bomba atómica, mi mente paralizada no alcanzaba al tiempo, intensidad, animalidad, imperceptible… mis brazos, mis piernas, mi cabeza, segmentadas de mi cuerpo formaban estratos; mi estómago, un agujero negro empeñado en atraer hacia él todo lo que se pusiera a su alcance, moléculas incansables sin cesar de chocar unas con otras, caja de resonancia y redundancia del mea culpa, de la moral y del juicio de dios. He jugado al tramposo he intentado pasar al siguiente círculo sin ocuparme del anterior, prepotente he pensado que dejando atrás todo, podría huir, pero una conmoción sólo puede ser inteligible, como proyección de otras conmociones, que afectan a otros niveles, un movimiento sísmico que desequilibra y descoordina todas las reacciones químicas; ya me lo advirtieron, una pérdida es emocional pero también repercute en la física –ya hay apuestas: ocho meses pasándolo mal, cuatro un poco menos y otros cuatro de recuperación-. Pero esta noche no quería seguir la secuencia y he pensado que quizá modificando la física con algo de química el movimiento sería a la inversa y lo emocional también se modificaría, el problema, claro, es que nunca sabes el resultado hasta experimentarlo… Centrifugadora:“¿Dónde estáis …..? , ¡basta! ¡me agoto! No es a ellos a los que necesitas, son los afectos, pero los afectos no se exigen, si los exiges se convierten en otra cosa…”
La cabeza no para de interpretar, después de una noche de baile donde el sexo se convirtió en un ritual solitario, pensé saltar, no sabía como parar, me metí en la cama, me arropé todo lo que pude, pero un temblor empezó a sacudir mi espina dorsal, salté, quise gritar, correr a un hospital a que me golpearan hasta quedar inconsciente, una central eléctrica recorría mis neuronas, no se paró el mundo, fui yo quién se inmovilizó y ahora empezaba a sentir toda la presión de la gravedad, “’¡calma!” me dice la cabeza “¡me sigues agotando! indigestión de xts” “experimenta pero no lo mezcles con ansiedad” el sistema de centrifugado está descontrolado…
Delirios no alucinatorios, sin “disminución intelectual”.
Como diría el narrador “Todo por lo que se luchó, ocurrió a pesar de la derrota”
Esta mañana mi cuerpo sentía la descarga de una bomba atómica, mi mente paralizada no alcanzaba al tiempo, intensidad, animalidad, imperceptible… mis brazos, mis piernas, mi cabeza, segmentadas de mi cuerpo formaban estratos; mi estómago, un agujero negro empeñado en atraer hacia él todo lo que se pusiera a su alcance, moléculas incansables sin cesar de chocar unas con otras, caja de resonancia y redundancia del mea culpa, de la moral y del juicio de dios. He jugado al tramposo he intentado pasar al siguiente círculo sin ocuparme del anterior, prepotente he pensado que dejando atrás todo, podría huir, pero una conmoción sólo puede ser inteligible, como proyección de otras conmociones, que afectan a otros niveles, un movimiento sísmico que desequilibra y descoordina todas las reacciones químicas; ya me lo advirtieron, una pérdida es emocional pero también repercute en la física –ya hay apuestas: ocho meses pasándolo mal, cuatro un poco menos y otros cuatro de recuperación-. Pero esta noche no quería seguir la secuencia y he pensado que quizá modificando la física con algo de química el movimiento sería a la inversa y lo emocional también se modificaría, el problema, claro, es que nunca sabes el resultado hasta experimentarlo… Centrifugadora:“¿Dónde estáis …..? , ¡basta! ¡me agoto! No es a ellos a los que necesitas, son los afectos, pero los afectos no se exigen, si los exiges se convierten en otra cosa…”
La cabeza no para de interpretar, después de una noche de baile donde el sexo se convirtió en un ritual solitario, pensé saltar, no sabía como parar, me metí en la cama, me arropé todo lo que pude, pero un temblor empezó a sacudir mi espina dorsal, salté, quise gritar, correr a un hospital a que me golpearan hasta quedar inconsciente, una central eléctrica recorría mis neuronas, no se paró el mundo, fui yo quién se inmovilizó y ahora empezaba a sentir toda la presión de la gravedad, “’¡calma!” me dice la cabeza “¡me sigues agotando! indigestión de xts” “experimenta pero no lo mezcles con ansiedad” el sistema de centrifugado está descontrolado…
Delirios no alucinatorios, sin “disminución intelectual”.
Últimamente sólo sé recorrer el mundo de una manera visceral, todo se inserta en mi estómago he olvidado lo racional¨. Voluntad y deseo es lo único que me reconcome, sólo quería una pastilla para hacerme un poco mas grande pero en lugar de una droga llamada semiotik me encontré con otra que se llamaba interpretación que empapó mis vísceras de racionalidad y me hizo mas pequeño, en definitiva, tenía un problema, el corazón continuaba a 150 pulsaciones por minuto, llegué a casa y ya no había otros cuerpos en los que reflejarme, horror, parece el fin (otra cosa, desde siempre me ha apasionado el melodrama).
Decidí dar una vuelta por la calle, las caras me asustaban, fui corriendo otra vez a mi habitación, encendí el ordenador, me metí en un Chat y elegí nick: sexo-ahora, me abrieron un privado -“en 20 minutos en mi casa”-, pasaron 34 minutos, llamaron a la puerta, abrí, el chico no era igual que en la pantalla, copia sin original, me deserotizó con lametones en el cuello-“no, lo siento, otra vez será…”- necesito tranquilizarme, seguí chateando; nick: mamo en lavapies, -26 horas sin dormir-…
Cap. 0
“Las cosas empiezan donde no sabes y terminan donde sabes. Cuando sabes es cuando preguntas, ¿cómo empezó esto?”. Hay momentos sin embargo que ni siquiera esa pregunta se puede contestar, aunque sepas que todo ha terminado, el dolor es tan fuerte que sabes que hasta que no se haya instalado en la memoria no podrás encontrar respuestas, y mientras tanto ¿qué? Mientras tanto, he decidido obligarme a la calma, obligarme a levantarme, obligarme a romper la cadena de dependencia, romper con las mañanas, las tardes y las noches. Tener que levantarme, saborear el café, desear otros cuerpos, construyéndome otra vez desde los poros hasta las papilas, travistiéndome hasta encontrar la mascara que mejor me siente. Todo para que desaparezca esta ansiedad que me obliga a la intensidad de la que no quiero escapar, de la que soy adicto. Ya no va a haber mas esperas, mas cuidados, desde el primer día hasta el último haré como si todo me sorprendiera, como si no me lo esperase, a pesar de que todo surja desde la meditación (que bien suena desde la teoría). Así funciona la química de mi cuerpo sin estímulos, cómo si me hubieran sacado cada órgano y me los hubieran colocado en lugares erróneos, respiro con el corazón y me alimento con los pulmones me sacio con mi saliva y con la de otros, sin palabras...
Me desperté en un pequeño apartamento del centro todo parecía nuevo recién colocado, no me acuerdo muy bien como llegué allí, sólo sabía que me tenía que ir corriendo, no sé a dónde, pero tenía que huir, me temblaba la espalda, me sentía febril, todo me era ajeno, incluso el chico que tenía al lado me resultaba ajeno, reconocía su piel, sus piernas su nuca, en algún momento recordé su nombre pero no lo podía pronunciar, estaba tumbado boca abajo, las sábanas le cubrían sólo las piernas, sabía que hacía poco me hubiera recreado mirándole, habría empezado a besarle la nuca a bajar por su columna rozándole con mis labios hasta sumergirme en su culo, excitándome, se habría despertado poco a poco, desorientado pero cachondo, habría suspirado o dicho alguna palabra que me hubiera excitado aún mas, yo le habría susurrado al oído, él se habría girado me hubiera mirado a los ojos y luego me habría dado un beso, pastoso, con la boca seca de la nicotina por la mañana, pero ahora su cuerpo era el de otra persona, su piel no sabía igual, el tacto era diferente, lo notaba como si fuera el cuerpo de un ahogado inerte, rígido, silencioso:
-¿Por qué no me das la mano? Mi mano sigue siendo mi mano…-
-No, ya no-, pensé.
Hay algunas despedidas que pasan desapercibidas y sólo la memoria las reconoce, el dolor queda diluido, pero hay otras que se impregnan en la piel desde el primer momento, la conciencia de cada minuto que hace resurgir todos los recuerdos, así comienzas a impregnarte del dolor, te rebozas en él como si siempre hubiese estado allí acechándote, levantándose triunfal, escupiéndote en la cara y riéndose de ti. ¿He contado que soy adicto a la intensidad? No podría ser de otra forma, como diría la narradora “soy un desierto que zozobra”, sin nada, sólo horizonte, en continuo movimiento, dejando que todo me manipule, saboreando la transformación, adorador del cambio, en silencio, con tanta calma que asusta, pero lleno de vida por todos sus rincones.
J., sí creo que así le nombraba, se levantó sin mirarme, sin decir nada, de repente me acordé que tenía que huir, no sé que me detuvo pero no tenía que estar allí, rodeado de todo lo nuestro, lo que era nuestro. Todo zozobraba con una angustiosa calma, en silencio, mejor así , sobretodo cuando sabes que digas lo que digas nunca darás con la palabra certera, y al final, te quedas sentado, solo, mintiéndote, esperando que esto fuera un simple hasta luego.

2 Comments:
estoy flipao!!!!!
me acabas de hacer una putada, me has creado otra adicción!!!!!!!!!!!!!!! bueno, dos, además está el membrillo.
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